formas de vender amigurumis

4 formas de vender tus amigurumis sin intermediarios (4)

Existen diversos sitios en los que podés abrir tu propia tienda online, publicar tu trabajo y vender sin intermediarios.

Algunos son gratuitos, otros de pago. Algunos tienen comisión por venta, otros no.

Tener al menos una tienda online es muy útil porque la gente puede ponerse en contacto con vos y comprarte con los botones de venta y hasta pagar de manera inmediata.

Si tu contacto habitual es por medio de Facebook, ahora tenés la posibilidad de abrir una tienda en tu fanpage. Por ahora es gratuita, aunque sólo nos permite mostrar nuestros artículos, sus precios con fotos, pero los interesados no te pueden comprar desde allí, sólo contactarte.

Si abrís una tienda, recordá mantenerla actualizada:

 Los precios correctos, que no te ‘atrapen’ atrasada/o!!

 Subir fotos de nuevos productos y quitar los que ya no vendés.

 Aprovechá el espacio de descripciones con la info que considerás que al público le va a interesar saber.

 Completá tu política de Términos y Condiciones (para formas de pago, cambios, devoluciones, etc.) aclará los criterios desde el vamos y generá una imagen más profesional de tu parte.

 También, tu política de Envíos. Que quede bien claro de antemano.

 Por último, el cliente puede dejar un comentario o calificación acerca de la experiencia de comprarte y eso está bueno como referencia para otros potenciales compradores.

Yo tuve tienda en Ofelia Feliz y en Feria Central para Argentina y en ambas hice algunas ventas.

Un clásico y bien masivo, aunque no se relacione en específico con lo artesanal, es Mercado Libre (aunque me parecen altas sus comisiones por venta). Si hacés productos en serie y dedicados a niños (muñecos de personajes infantiles, souvenirs, etc.), podés llegar a vender mucho!!

En todos, podés publicar gratis o pagando por mayor exposición.

Yo siempre elegía la manera gratuita y sólo las mantenía como referencia desde mi blog o la página de Facebook, cuando no te permitía publicar precios.

A su vez, amplía las posibilidades de que tu marca sea encontrada cuando la gente haga una búsqueda de acuerdo a tus palabras clave.

Pero mi fuerte, con el que tengo mayor ida y vuelta con un público que valora mi trabajo más que en otros lados, es la página de Facebook.

Fuera de Argentina, tengo tienda en Etsy desde 2014.

Y Vos? A qué canales le pusiste fichas? Cómo te ha ido hasta ahora? Puedo ayudarte en algo?
Contame, que me gustaría mucho conocer tu experiencia!!

Un abrazo,

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Ferias Artesanales Municipales

 

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4 formas de vender tus amigurumis sin intermediarios (3)

Ferias Artesanales Públicas (del Gobierno de la Ciudad o Municipales)

Entrar al circuito municipal para vender tus amigurumis es un trámite que tiene sus variantes dependiendo de cada lugar. Si te interesa, tenés que averiguarlo con tiempo en tu municipio o en aquél en cuya feria quieras participar.

Acá, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, tenemos que inscribirnos en Ferias y Mercados, en el Gobierno de la Ciudad, donde te informan las fechas de inscripción de postulantes.
Al cabo de un tiempo breve, te llaman para que realices la fiscalización que es, simplemente, presentarte ante los fiscales para demostrarles que sos vos el/la que realiza tus artículos (que no se los comprás a otro, por ejemplo).

Ahí mismo, puede que ya te adjudiquen un lugar disponible en alguna de las ferias de las plazas de CABA.

Ellos distinguen entre Ferias de Artesanos y Ferias de Manualistas y attenti con esto, porque puede que influya en tu proyecto: yo primero me registré en la de Artesanos y, el día de la fiscalización, me explicaron que no aplicaba, porque hacer muñecos era una manualidad. Que sí podía presentarme si hacía prendas a crochet, por ejemplo. Como hacer prendas de vestir no es lo mío, decidí no presentarme más a esta categoría.

Luego de un análisis pormenorizado, tampoco quise apuntar a conseguir un espacio en las de Manualistas.

Recorrí muchos fines de semana las Ferias de Manualistas, charlando con las personas de los puestos y viendo el movimiento que tenían.

Y puedo sostener que son una ventaja si:
 Buscás un espacio fijo por un periodo más extenso (2 años creo, no recuerdo bien) a un precio muy accesible.

♥ Tenés capacidad de hacer stock semana a semana (Hello!! Mi punto débil!!!)

Soportás las inclemencias climáticas estoicamente (con lluvia, se suspende, pero por frío o calor, no).

 Tenés la gran suerte de encontrar vacante en una buena feria, de esas en las que suele circular mucha gente y encima compra!

 Le sirve a tu proyecto (y a tu vida) adaptarte a su reglamento (leerlo y meditarlo antes de poner el gancho). No es nada del otro mundo, sólo se trata de que sepas que tenés a cargo un puesto al que tenés que atender, cómo hacerlo y en qué horarios.
Es un compromiso formal y está bueno que lo pienses de antemano.

Como me dijo Laura, una chica que vendía unas cosas hermosas en cerámica en Plaza Armenia, se le hacía cuesta arriba no tener fines de semana con los hijos o aquellos días de frío en los que no pasa naadieee… Pero, a la vez, pre-ci-sa-ba tener ese espacio de venta en forma constante para que la vean, la conozcan. Le compensaba que otras veces vendía muy bien y, además, la gente volvía y sabía dónde ubicarla para hacerle encargos (paralelamente, tenía página en Facebook).

Espero haberte aportado información de utilidad antes de este tipo de decisión. ¿Te interesa tener un puesto en una feria municipal? ¿Lo tenés ya o tuviste? Contame tu experiencia.

Nos sirve a todos, seguro.

Un abrazo,

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4 formas de vender tus amigurumis sin intermediarios (2)

¡Todo por vender!!! Recuerdo haber hecho la siguiente experiencia, de puro indecisa que soy por momentos: investigué de qué se trataba el mundo de las ferias artesanales privadas, organizadas en diverso tipo de locales, salones para eventos, casas particulares, colegios, etc.

Tienen esa connotación TOP del mundo artesanal y del baqueteado término ‘Diseño’ que te obliga a acercarte a averiguar.  Para ello, las recorrí durante muchos fines de semana, cambiando el momento del mes y de zona.

Comencé por los locales de Plaza Serrano

En ellos, podés alquilar un espacio por cierto tiempo (mes, quincena, fin de semana, día, depende del sistema de cada lugar) y poner a la venta tus productos a los visitantes.
Hablé con cada encargado, recopilé información de precios y condiciones y les presenté algunos de mis artículos para que ellos vieran lo que yo hacía.
Siempre te van a pedir ver lo que hacés, para saber si a ellos les viene bien, les gusta, o si no está repetido en el mismo local por otro expositor. Lo único que me hacía ruido era que en ningún local había casi gente. O que eran lugares incómodos para recorrer (bares con todas las mesitas apretadas, por ejemplo).
De todas maneras, yo quería probar suerte y me fui entusiasmando con hacer presencia en un par de locales que me parecieron llamativos y muy bien decorados.
Pero todos coincidieron en recomendar que no vaya hasta tener cierto stock mínimo y variado de los artículos para presentarme porque, según ellos, la gente venía en malón y… ese era mi gran problema: trabajaba despacio y detallado y no lograba hacer ‘cantidad’.
Mientras tanto, iba recibiendo pedidos por otros lados (Facebook, conocidos, fundamentalmente), lo cual tenía prioridad para mí.
Así fueron pasando semanas y varias fechas “clave” como el día del amigo, del niño, de la madre y sentía cierta decepción por mi incapacidad para salir de mi bunker en casa. Volví a la zona meses después, ya con la idea de comparar circuito de ferias privado y público.
Mi sorpresa fue que casi todos los locales habían cerrado o cambiado de dueño o finalidad.
Comprendí que, así como le pasa al artesano/manualista que alquila el puesto, el dueño de este tipo de negocios también compra el humo de la moda del Handmade: no es una mina de oro y debe pagar costos altísimos en esa zona hasta que se tiene que ir!

Lo que sí parece no tener límite es la demanda de ropa (allí encontramos diseñadores independientes, entre los que se infiltra descaradamente gente que me admitió tener negocio en Once, “para que vayas a probarte tranquila”).

Bueno, de esta experiencia en locales, pasé de largo.

 

Por otro lado, recorrí analíticamente las…

Ferias privadas organizadas en salones de eventos, o colegios, en casas particulares, etc.

Algunas ya fueron haciendo un nombre en el circuito y los expositores las demandan más. Tendrán sus días más flojos, naturalmente, pero entiendo que funcionan.
La mayoría son un fiasco y te das cuenta por la cara de los artesanos que alquilaron el espacio.
Aquí es importante el peso y capacidad de los organizadores para convocar. Y el tuyo.Por supuesto, puede haber otros factores que la hagan más o menos exitosa (clima, partidos de fútbol, etc.). Por eso, antes de pagar, está bueno analizar los que se pueden prever:
Hay ferias carísimas, organizadas por instituciones en barrios con afluencia de público presumiblemente de muy buen nivel económico y en época pre navideña. Vos pensás: “Esto va a ser un golazo!”.
Pero tratá de ver si el alto precio de alquiler no tiene que ver más con los fines solidarios del evento, más que con lo prometedor que parezca participar, comercialmente hablando, con lo que vos pasarías a ser más bien un colaborador más a su campaña, cuando tal vez estás precisando más ayuda que ellos!
Preguntate siempre:
¿Cuánto tendré que vender para recuperar lo que me piden de alquiler del puesto y, recién ahí, comenzar a ganar?
¿Dónde estará ubicado mi puesto? Conocé el periplo de la feria, teniendo en cuenta la zona cercana a su entrada o sus puntos fuertes, según su disposición.
¿Qué difusión previa tendrá este evento?
¿Qué afluencia de gente puede llegar a tener este evento?
¿Cuánto puede afectarle el clima?
¿Para qué quiero ir a esta feria en particular?Y después, si las condiciones más o menos te cierran, te lanzás a probar. Puede que salga muy bien!

¿Para qué son muy útiles las Ferias Privadas?

 El contacto directo con el público. Tener un feedback inmediato de su reacción e interés por lo que hacés. Citar gente interesada o que retiren sus pedidos, si aún no tenés un espacio propio para atenderla.

 El compromiso es muy breve (un día, un fin de semana, etc.) lo que es muy liberador. Podés definir tu propia estrategia, como ir probando por diferentes lugares o sólo participar en fechas clave, por ejemplo.

Hay muchos emprendedores que van constantemente a ferias. Los rubros que yo he visto funcionar mejor son:

Los que ya van a verse con su público porque hicieron buena campaña previa desde sus páginas.

Artículos decorativos económicos (de esos tipo “uno para Rosita, otro para María Teresa, otro para Chuchi”, digamos, día del Amigo en puerta y demás)

Embutidos y quesos ‘caseros’: y sí… no tendrá nada que ver con lo nuestro, pero lo tengo que mencionar. Una vez, me tocó un vendedor de este rubro al lado: él se forró y yo la remé como un perro aquél día: en mi puesto había almohadones y Hadas amigurumi que parecían tener olor a salame, por Dios!!!… Cero encanto…

Tuve suerte de que a la feria me habían invitado y no tenía que recuperar ese dinero y lo que vendí me conformó, qué remedio. Pero fue un excelente estudio de las preferencias del argentino medio: todo el día la gente entraba, a los artesanos nos decían “Qué lindo!” y pasaban a por su provoleta o su longaniza, jajá!

Pero, si te cierran los números, es lindo el contacto con la gente, aprendés de su opinión, salís de la soledad de tu lugar de trabajo, conociendo otros manualistas y artesanos con los que, generalmente, la vas a pasar muy bien e intercambiar opiniones constructivas.

Infaltable: llevar el mate, por si no pasa naranja 🙂

Un abrazo,
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4 formas de vender tus amigurumis sin intermediarios (1)

Antes que nada, quiero agradecerte la oportunidad de ponernos en contacto como ‘colegas’, muy probablemente.

Soy Gaby, vivo en Buenos Aires y hace 4 años, luego de combinar ambos por más de un año, dejé mi oficio de paisajista para dedicarme a hacer del hobby de tejer amigurumis y deco en crochet una forma de expresión y ganarme la vida.

Desde que comencé a encaminar este nuevo sueño, probé diferentes formas de ofrecer mi trabajo.

En el camino, tanto de aprender técnicas como de emprender un negocio, fui recopilando información de todo tipo hasta llegar a la saturación, para luego intentar decantarla y seleccionar, a cada paso, el rumbo a seguir.

Esto puede ser bastante desgastante y da la sensación de no ‘despegar’ nunca. Lo único que tenía (y sigo teniendo) claro era que quería ser una emprendedora independiente.

Por qué? Porque, en el ámbito de lo ‘hecho a mano’, trabajar para un intermediario (quien, por otra parte, tiene derecho a ganar con su venta de nuestros artículos, obvio!), generalmente implica resignar una parte importante de nuestra ganancia (en este punto puede serte útil leer mi post ‘Cómo calcular el precio de un amigurumi?’) y, a la vez, nos impone tiempos y cantidades según los ritmos de otro. Perdés plata y libertad, en pocas palabras.

Estos posts son una simple recopilación reflexiva de diversos canales de venta directos, sin intermediarios, con los que experimenté hasta ahora, sus características, y los aspectos que fui poniendo en la balanza para decidir probarlos o no.

Espero que te sea útil para analizar las alternativas de mayor provecho para desarrollar tu emprendimiento hoy por hoy.

Momentito! Una aclaración al margen

Descartemos prejuicios inútiles, que siempre nos traban. Puede que a vos sí te sirva vender a intermediarios y te guste hacerlo.

¿Cuándo, según mi experiencia y opinión personal, vale la pena vender para intermediarios (locales de decoración, etc.)?

 Cuando tenés capacidad para generar stock rápidamente. Para ayudarte con ello, podés planificar artículos vistosos pero de confección rápida o contar con ayudantes.

 Cuando este emprendimiento es tu única entrada, puede ser una alternativa útil de asegurarte cierto nivel de ingresos mínimos durante el lapso que vos decidas.

¿Cuándo NO te aconsejo establecer ese tipo de vínculos?

 Cuando sos de ritmos de trabajo lentos. La presión (si sos responsable) de llegar con cada stock al tiempo pactado es demoledora.

♥ Si te importa mucho el detalle y la calidad de materiales y terminación. Estos aspectos lentifican el proceso y encarecen los artículos. Y hay que ver si esto último le interesa al cliente de tu cliente.

Si ya tenés alguna entrada alternativa para ayudarte a cubrir, al menos, los gastos fijos de tu vida (sueldo, renta, etc.) y este emprendimiento es un ingreso extra.

Aclarado esto, podemos comenzar con los

Canales de venta directos (I)

Página en Facebook

Es lo básico. Infaltable para un emprendedor (bueno… por el momento, viste cómo cambian rápidamente su influencia las redes). Una página de tu marca en Facebook. No me refiero al perfil personal, sino una Fanpage.

Y no es que las visitas te llueven solas. Hay que trabajar en publicar con cierto ritmo si querés que te vean y eso lleva tiempo en hacer tus productos, fotografiarlos, publicarlos, mechar la difusión de tu trabajo con otras cosas atractivas para la formación o el esparcimiento.

Es decir, elaborar un contenido de cierta complejidad (más que nada por el tiempo que lleva) con un ritmo continuado.

Pero vale la pena en tu emprendimiento porque:

Es una manera inmediata de mostrar tu trabajo a muchas personas, potenciales clientes en el mundo “real” que quieran tener una primera aproximación a lo que hacés y a los cuáles podrás dirigir allí (la típica expresión “Visitá mi página de Facebook”)

Podés organizar tu muestrario en álbumes y describir allí las características de tus artículos.

Es genial para promocionar lanzamientos o eventos por ser tan masivo.

Podés informar a tus seguidores dónde vas a estar tal día vendiendo lo que hacés.

El 20 de julio de 2012 yo abrí la mía de Bunker Vintage. Fue el primer canal para que la gente conociera los trabajos que yo hacía sola en mi casa.

La gente los puede ver, comienza a seguirte, te puede hacer preguntas y el ida y vuelta se va haciendo cada vez más inmediato. Y además, desde hace un tiempo, podés abrirte una tienda allí, por ahora en forma gratuita.

Y, si necesitás una ayuda para tener más llegada, pagar para que te publiciten un anuncio no es caro, podés establecer hasta cuánto gastar y suele funcionar muy bien. En tu tarjeta de presentación, antes que el correo electrónico o el móvil, debería figurar la página de Facebook.

 

Un abrazo,

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Kato… o mi experiencia como Dra. Frankenstein

¿Alguna vez te hablé de Kato y de cómo y en qué circunstancias nos hicimos tan amigos?
No?!
Bueno, te voy a contar.
Aquél día volvía yo con cierta desazón de la Escuela Vial. La Escuela Vial es aquella en la que los conductores de vehículos de la ciudad rendimos el examen de conducción, tanto teórico como práctico, luego de un par de clases sobre la Ley de Tránsito y otras normativas.

Venía cabizbaja, como dije, bajo una lluvia finita y fría.
Había aprobado ambas etapas del examen. Pero lo que me tenía mal era que, con una experiencia de manejo de 18 años, la parte práctica no fue “pan comido” para mí.

En estacionamiento estuve muy bien, sorteando los conos, super prolija. Pero una rotonda pequeña, a la que los aspirantes teníamos que recorrer sólo en reversa, fue mi talón de Aquiles y me costó bastante realizar la tarea.

El instructor no tuvo demasiado problema en aprobarme. Después de todo, uno no hace jamás grandes trayectos en marcha atrás y menos en redondo. Y tampoco es que fui un desastre, haciendo cosas como subirme a los canteros y atropellar peatones imaginarios o algo así.

Pero, como de costumbre, yo no me perdonaba el error.

Volvía en este estado emocional que te dije y con esa persistente lloviznita pegándome en la cara desagradablemente cuando, a un costado de las vías del tren, entreverado en las campanillas azules que se ensortijan en el alambrado, vi sobresalir algo. Un objeto cuya forma de pera llamó mi atención.

Como lo extraordinario sucede cuando menos te lo esperás, me desvié unos pasos para ver de qué se trataba.
Estiré una mano para tomarlo y noté que era un objeto tejido en lana. Empapado y sucio como se encontraba, me tembló todo el cuerpo cuando al tacto noté que respiraba.

“Qué yo no sepa qué es, no significa que deba dejarlo aquí tirado”, me dije pues, a mi criterio, estaba indefenso y expuesto a peligros climáticos y/o de la vía pública.

Así que lo recogí y llevé a mi casa. Su respiración, agitada en el trayecto, se calmó. Cuando tomé confianza, lo lavé con cuidado, mientras le hablaba con frases tranquilizadoras.

No tenía idea de qué hacer con él. Sin boca, no sabía si tenía que regarlo, ni cómo y con qué alimentarlo. Lo dejé en mi mesa del taller. Y, mientras yo trabajaba, ahí estaba. Respirando.

Esta fue la primera foto que le tomé:

 

muneco-tema-exhibicion-2016-ii

 

A medida que yo tejía muñecos y él me acompañaba en silencio, me sentí llamada a ayudarlo a resolver su corporeidad. Me puse en campaña para dotarlo de ojos, extremidades y demás características humanas habituales.

Así comencé un atareado proyecto, que fue lo más parecido al del Dr. Frankenstein.

Y, conforme le iba proporcionando estas soluciones, notaba cada vez más claramente que, lo que creía que eran pensamientos inspiradores por la estimulante tarea, eran nada menos que mensajes telepáticos que recibía de Kato. Así ya lo había bautizado yo, por supuesto.

Durante horas, días y semanas convivimos en mi taller. Me di cuenta que no precisaba alimento como nosotros. Charlábamos, sin hablar, de los temas que se nos ocurrieran, de esos que no hablo con otras personas: desde espiritualidad o la amistad hasta de los comediantes y músicos que me gustan. Y nos reíamos mucho.

Cuando me desocupaba de algún pedido, continuaba mi oficio de Yepeto con él. Y así fue adquiriendo esta apariencia:

 

taller-con-kato-sin-terminar-3

 

Y, por último, esta:

kato-cuerpo-entero

 

¿Por qué un ojo enfieltrado y otro de vidrio? Fue un pedido suyo, cuando me vio hacer el Marilyn Manson Amigurumi.

El gancho en lugar de mano me pareció ideal ¿Acaso, a veces, no queremos sujetar firmemente algo y con los dedos no basta? (las bolsas del super, por ejemplo, que se te clavan en las articulaciones!!).
Como broche de oro, le cosí yo misma, a mano, el bermudas de jean y la remera.

 

con-kato-en-el-patio-1

Fuimos “pan y mantequilla”, como quien dice. Hasta que un día, Kato me avisó que se tenía que ir. A dónde, no sé, no le pregunté.
Mirá que yo tengo mi lado bien convencional! Podría haberle hecho un dramón y echado en cara una especie de “desagradecimiento” de-su-parte, después de tanto empeño de-mi-parte en rehabilitarlo para la vida en sociedad. Pero, por suerte, ya tenía aprendido cuánto mejor es dejar que los demás sean libres. Al menos, si es lo que pretendo para mí, no hay modo que le exija a los demás otra cosa.

Se despidió dándome las gracias. Me contó que él no precisaba todos los accesorios que yo le había colocado encima para parecer un niño. Pero que el afecto que había sentido a través de mis manos le había hecho revivir.

Ahora estaba dispuesto a retomar su camino, aquél que el abandono de quien lo tejió dejó trunco. Le dí un beso muy fuerte en su “mejilla”.

Mientras calentaba el agua para tomar unos mates, por algún lado se fue y no lo encontré más. No me costó acostumbrarme, porque a diario recibo noticias suyas a través de transmisiones mentales.

Por lo que entendí en videos de Youtube, está en otra dimensión. Él me ve, pero yo a él no. Como esos niños que viven en nuestras calles. O los adultos sin casa que están acostados por ahí, que tienen una vida cargada de experiencias que no vemos, más bien porque no queremos.

separador

Tenemos un sentido de lo bello, de lo normal, lo que vamos a tolerar y lo que no. Y llega un punto en que gran parte de la Creación queda confinada a una suerte de universo paralelo, enorme, ubicado justo fuera de la percepción sensorial del resto, por indiferencia y negación.

¿Nos interesa solucionar nuestra incapacidad para dar lugar a lo “distinto” o “marginal”? Animate a escribirme, me encantaría saber tu opinión.
Un abrazo,

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Efecto Rose Dawson

No es soberbia. Ni un momento de iluminación, siquiera.
Todos sabemos que hay cosas que nos gusta hacer de alma, otras no tanto y otras, para nada.
A mí me gusta hacer muchas cosas. En general, relacionadas con lo artístico. Y cambiar. Al tiempo, cambiar.

Cada tanto exploro una disciplina nueva, trato de tomar nuevos caminos. En la práctica y como es de esperar, termino siendo mejor para algunos que para otros. Pero esta manera de actuar se me fue haciendo muy necesaria porque siento que nutre mi capacidad de expresión y me aporta perspectivas nuevas para encarar la vida.
Hace poco, bauticé este comportamiento como “Efecto Rose Dawson”.

rose-dawson-destacada

¿Te acordás de la protagonista de la película Titanic? Esa chica dominada por mandatos sociales hasta la sofocación, desde los modales y protocolos a seguir para cada situación cotidiana, hasta la obligación de casarse con un tipo al que no quería pero que tenía mucho dinero (y que sólo la quería a ella por su apellido).

Así mencionada, suena medio estúpida la historia. Pero recordá la primera de las 800 veces que la viste.

Porque, enterate, dejó de ser cool hace rato decir “Yo no vi Titanic” o peor: “¡A mí me pareció de cuarta!”. Si sos de esos, sacate la careta, que la viste y lloraste y te planteaste hasta si Jack podría haberse salvado si ella le dejaba un lugarcito en la tabla sobre la que flotaba y… chanfle!, qué buen final hubiera sido que ambos sobrevivan! Ahhh… Y todo eso… No me jodas!

Bueno, esta chica, en aproximadamente 2 días de navegación transatlántica hacia la tragedia total, da un giro de 180° en su sumisión a regañadientes a los convencionalismos de la época y rompe con esas ligaduras que considera injustas y obsoletas. El amor de un tipo tan libre como Jack, sellará en Rose esa elección de por vida.

Y vos dirás: aclarame esto del “Efecto Rose Dawson” un poco más.

Bueno, no es, ni más ni menos, que mirar desde otro punto de vista, más amigable y comprensivo, a lo que siempre creí que era simple y lamentable “inconstancia” de mi parte.

“Es que Gaby es tan veleta!”, oí más de una vez. Y me lo super creí.

Lo que pasa es que, a mi modo de ver, vivimos en una cultura en la que se valora una constancia mal entendida: no importa tanto si lo que hacés te gusta, como que seas constante en ese camino. No se aprecia como muy equilibrado dejar algo simplemente porque no te gusta o porque te hartó.

La constancia es una herramienta imprescindible si tu objetivo, tu meta, te importa o te realiza. Pero, ser constante en una carrera o un trabajo que no te aporta nada grato, es derrochar Vida. Y es un desafío darse cuenta, tomar las riendas y dirigirte para otro lado.

Una de las últimas escenas de esta película nos presenta a Rose, ya anciana, descansando aliviada, mientras se dirige hacia el sueño eterno. A mí me marcó mucho la serie de fotos que, a su lado, la acompañan como trofeos.

Porque eran, nada menos, que los “logros” que ella había ido acumulando a lo largo de una vida larga de transgresión de su educación original, de animarse a probar lo que se le antojara, sin frenarse por prejuicios. La recordarás montando a caballo en pantalones o parada junto a un aeroplano al que, al parecer, voló ella misma, etc.

Mirá que adoré a Thelma & Louise, pero no me interesa en 2 días matar un tipo, andar “de caño” y que me persiga la gorra hasta saltar del Gran Cañón. Me queda mejor esto: diseñar mi vida como más me guste, en la medida que pueda, cada día.

Y, con el tiempo, también voy armando mi colección de experiencias, algunas con fotos, que también voy colgando como trofeos en mi taller:

♥ Yo jamás supe que podría tirarme en cuatriciclo desde altísimos médanos y de noche, hasta que lo hice. Y luego volver paseando por la playa, viendo brillar las noctilucas (unas algas fluorescentes en la oscuridad total). Te aseguro que no lo vuelvo a hacer, pero me cambió la vida!
♥ No me imaginé el PODER que iba a sentir al abrir las piernas y parir a mis hijos. Y amamantarlos.
♥ Animarme al placer y la adrenalina de escribir, construir y actuar una obra de títeres con mi hermana Isa.
♥ Bailar bachata, mal, pero bailarla al fin, en un conjunto de baile en el teatro Metropolitan de la calle Corrientes. Recuerdo que ahí sentí una felicidad tan intensa que parecía que la podías tocar y no te miento… fue maravilloso. Y luego de eso, no fui nunca más.
♥ Dejar mi oficio de paisajista y jardinera para ponerme a tejer muñecos y terminar convirtiéndolo en un negocio y una manera de expresión plástica que me encanta.
♥ Y el sábado pasado, sin ir más lejos, hice pelota el tango “Yuyo verde” y “All of me” en una muestra de Canto. Pero fue muy, muy divertido!!! Te dejo el video arriba de este post.

picmonkey-collage

 
¿Y qué tenés para contarme de vos? ¿Te pudiste dar el lujo de patear tu propio tablero y experimentar la realización de un deseo personal muy fuerte? Contame, que me va a encantar saberlo.

Un abrazo!

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¿Cómo calcular el precio de un amigurumi?

Te suena esta pregunta, no? Todos hemos tenido esa duda, que se vuelve un dilema penoso cuando queremos vender a un precio justo nuestro trabajo (de cualquier naturaleza que sea) y no le encontramos bien la vuelta.

Yo hoy voy a hablarte del tema exclusivamente desde el punto de vista del lugar que ocupo en este sitio: como tejedora de amigurumis, aunque puede que le sirva a tejedoras de otras técnicas.

Es habitual partir de decir: “Como soy nueva en esto, vendo barato para hacerme conocer, luego iré acomodando los precios”. El entusiasmo te lleva a regalar animalitos y muñecos a por doquier o venderlos por monedas.

Todo el mundo te halaba y hasta te compran y encargan cosas nuevas. “Qué genial!”, pensás al principio. Pero, al poco tiempo, ese criterio “provisorio” de venta promocional pierde toda la gracia para vos.

Y, si subís los precios… enseguida notás que no vendés, porque no hay tantas cosas en el mundo más prescindibles que un amigurumi!

Cualquier persona se cansa de trabajar horas y luego ser mal remunerada. El resultado es la frustración. O hacer las cosas “mal y pronto”, es decir, bajar la calidad para vender por cantidad (lo cual en handmade es un fiasco). O directamente, largar todo.

Vivir implica optar

En todo sentido y aspecto y a cada minuto. Por eso, antes de ir a una fórmula que posiblemente te oriente tan bien como en su momento me sirvió a mí, te dejo algunas sinceras advertencias:

Es dañino sentarse todo el día a tejer. El cuerpo precisa moverse, caminar, alimentarse sano, etc. tanto como el espíritu reír, meditar, orar, brindar y recibir afecto y mucho más que estar tejiendo medio encorvada porque no llegás con los pedidos!

No se trabaja gratis. Obvio que podés regalarle tus trabajos a quien desees hacerlo, por cariño, agradecimiento. Pero no vendas barato “para conseguir clientela”. Cuando acomodes los precios, no te van a comprar más.

Si vendés a intermediarios, perdés, con toda seguridad. Ya te lo avisé. Sos libre de esclavizarte todo lo que quieras, si se me permite el oxímoron.

Una fórmula

Repasá la Regla de Tres Simple, que te va a ser fundamental, porque una de las formas para llegar a establecer un precio que creo que te va a servir de muy buena orientación es la siguiente:

Supongamos que vas a hacer un oso amigurumi: para comenzar a calcular su precio tendrás que sumar los costos de todo el material utilizado en realizar este muñeco (lana, vellón, ojos, etc.).
Vas anotando el valor de cada material según la cantidad que empleaste en él. Si el material se vende por kilo, se calcula proporcionalmente a través de la regla de tres, en base a su peso y precio por kilo (lana, hilo de algodón, vellón). Si el material se vende por unidad, anotás ese valor (ojos, etc).

Cómo se hace eso? Si no tenés balanza de pesar lana, te podés acercar a algún comercio amigo (preferentemente de lanas) y pedirle que te deje pesar la pieza terminada.

Podés optar por llevar las partes del mismo antes de rellenarlas y luego volver a pesarlo cuando lo tengas relleno (la diferencia suele ser poca, pero la idea acá es que seas bastante precisa en el cálculo del costo de materiales).

Y calculás el valor de cada ítem. Por ejemplo: si el oso sólo de lana pesa 100 g y el kilo de esa lana sale $200.-, hacés el cálculo:
Si 1000 g (=1 kg) sale $200, por regla de tres, 100 g será = a 100 x 200/1000. Es decir, $20.
Así procedés con cada material comprado por kilo y sumás también lo que hayas gastado en otros que se venden por unidad: si usaste 50 cm de cinta gross, le sumás el precio que pagaste por ella; o un par de ojos (a veces esto es muy insignificante, si los compraste a granel).

Una vez calculado todo el costo de materiales que llevó la realización de este oso en particular, la fórmula consiste en multiplicar esta cifra por 3. Esta será tu remuneración. A este valor, le volvés a sumar la cifra de materiales y te dará el precio completo.

Volvamos al ejemplo:

Supongamos que el costo total de materiales del oso resultó $30.
Mi remuneración por el trabajo será $30 x 3 = $90. A esto le sumo otros $30 de materiales = $120.-, que será el precio de venta del oso.

Se entendió? Yo creo que sí. Preguntame cualquier duda, si no se comprende bien. Registrá los pesajes de cada artículo. Te va a venir genial en las siguientes oportunidades y para actualizar los precios, si estos van cambiando.

Otras épocas

En su momento esta fórmula me resultó muy útil y provechosa. Espero que lo sea también para Uds. Me la proporcionaron dos generosas tejedoras, con muchos años de experiencia en venta particular de prendas hechas en 2 agujas y crochet. Aprovecho para agradecerles a Ma. Elena y a Mary.

Me dio una seguridad que antes no tenía: pasar un presupuesto y saberme más cubierta, a la vez que más tranquila si el trabajo no era aceptado por el cliente. Comencé a ver que tal vez no era su momento de comprarme (por razones de esa persona) y dejé de sentirme culpable por no haber conseguido el pedido aunque su precio no me conviniera!! Este es un contrasentido tremendo, pero sucede, o no?

Ahora, sólo la utilizo en ciertos artículos. Los que llevan otros tiempos de elaboración y son de mayor personalización, no se pueden calcular de la misma manera.

Y, como en todo en la vida, optás. Aprendés a establecer un precio por el cual te vas a sentar con gusto a trabajar para una determinada persona, con cariño y creatividad, sin que te impida ir al gimnasio, compartir el almuerzo con tu familia, tomar clase de canto, meditar o cualquier otra cosa provechosa que esté en tu lista.

Si te sirvió este artículo, compartilo. Cualquier inquietud, escribime. Será un gusto ayudarte.

Un abrazo!

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