Sobre Mí

¡Hola! Soy Gaby

Artista de la técnica Amigurumi.

Gaby Pez Sobre Mí

¿Por qué tardé tanto en comenzar este camino? No lo sé. O sí, lo sé. Tuve miedo de elegirlo. Porque me pareció correcto encarar otros más convencionales, en los que me fuera “sencillo” identificar mis roles, incluso frente a la pregunta de los demás.

Pero, fijate una cosa: por muchos años, hasta los treinta y pico, en cuanto formulario se me solicitara que informase mi ocupación, ponía “estudiante”.

Con este dato, no sólo hacía referencia a las dos carreras universitarias en las que estuve gastando mucha energía para aprobar veinte materias (entre las dos), para luego abandonar. También, a mi irrenunciable ilusión por impresionar a papá al convertirme, de pisciana despistada sin mucho remedio, a una mujer de alta preparación intelectual, como yo lo consideraba a él.

En cada campo en blanco del ítem “Actividad”, jamás quise informar en su momento que era cajera en un supermercado, empleada en un estacionamiento de autos, maquilladora, transcriptora de textos a Word o lo que fuera en que estuviese trabajando.
Yo, decididamente, manifestaba ser “estudiante”. ¡Y, si no tenía un empleo, ni loca un “ama de casa”, no way!

Nuevos impulsos

A los 33 años, con mis dos hijos pequeños, quise reorientar mi vida laboral a un proyecto propio con mayor significado para mí y que (por fin!) involucrase la creatividad. Estudié empeñosamente Jardinería y Diseño de Espacios Verdes y, poco a poco, comencé a desarrollar una actividad que, felizmente, me proporcionó un digno rótulo para el nomenclador: “paisajista”.

¡Estuvo muy bueno!

Fue un período de diez años en los que dejé el aliento (y las rodillas enterradas en el barro), pero del que recuerdo con mucho cariño tanto a los ayudantes que trabajaron conmigo, como la enorme satisfacción que sentía al terminar cada proyecto.

Transformaba espacios y, aún mejor, la Vida de otras personas, cada vez que les lograba convertir un páramo en un lugar bendito al que llegar al atardecer, para descalzarse, masajear los pies con el pastito fresco y regar.

Me gustaría contarte lo económicamente próspera que me hizo tan hermoso emprendimiento, pero no sucedió. Yo supe qué tenía que hacer para evolucionar profesionalmente y no me animé. Hubiese sido la gran anécdota, acorde a los relatos de mis abuelos, inmigrantes asturianos, y mis padres, que escuché tanto en la infancia y me llenaban de admiración.

Una suerte de secuencia así:
Idea > Puesta en marcha > Esfuerzo (muuuuucho esfuerzo) > Oportunidades > Valentía > Esfuerzo > Crecimiento económico > Orgullo personal > Anecdotario del tipo “Cómo lo hice” (con cara de exitoso businessman en la tapa).

En mi emprendimiento paisajístico, la cadena se cortó en la Valentía, ponele. Digo ponele, porque lo que también suponía el nuevo enfoque era mucho tiempo fuera de casa y a muchos kilómetros. Y a mí me importaba demasiado ocuparme personalmente de mis hijos. Y estoy muy contenta hoy de ello, de haber estado presente.

Aunque supuso la frustración de otros aspectos, no era el momento de dejarlos y perdernos ese compartir la vida cotidiana que sí tuvimos.

Y, obvio, de la jardinería low cost, me harté. Dejé de trabajar en ello en 2014, dándole una resonante patada en el culo.

Gaby Pez Sobre Mí Taller

Seguir andando

Y a partir de ahí estuve un poco como rota en pedazos. Pero fue una “rotura buena”. Porque comencé, casi sin notarlo, a recoger pedacitos con información olvidada acerca de mí.

 Recordé cuánto me molestaba, de pequeña, la desprolijidad en la confección de vestimenta para muñecas, al punto que la señora de la juguetería de la esquina de casa destacara como un valor: “¡Qué detallista es esta nena!”
Vino a mi memoria que, cuando estaba embarazada de mi hija, aprendí a tejer a crochet en una hora. Los puntos me salían con mucha facilidad, mientras mi abuela Beatríz me explicaba admirada.  Y no era lo único manual o artístico en que tenía destreza.
♥ Tomé definitivamente en cuenta la fuerza con la que la creatividad, la libertad y el servicio rugen en mi interior.
♥ Me alivié, cuando acepté que el dinero me sirve, pero no quiero que determine quién o qué Ser.

Ahí, actué con rapidez: yo tenía una visión muy frustrante, estaba convencida de ser incapaz de generar ingresos. Inventé un mantra: “Soy una rica heredera, soy una rica heredera”. No es para que lo repitas. Sólo fue una manera humorística que usé para quitarme esa vieja acusación de los hombros. Si era una rica heredera, no tenía que desvelarme porque el proyecto, como principal objetivo, fuese rentable. Mandarían las otras características.

Cada persona tiene que encontrar su singular receta para desatar esas ligaduras internas que la tironean injustamente para donde no desea ir.

Y fue apareciendo mi propia cadena del relato emprendedor, diferente al familiar, sin complejos. Y lo lindo es que siempre estará en construcción:
Libertad > Creatividad > Detalle > Responsabilidad > Servicio > Alma Plena

Un abrazo,
Gaby Pez